domingo, 23 de agosto de 2026

Primer equipo de Tercera División Profesional en Tonalá

 Foto tomada en la Unidad Deportiva Revolución en 1991, con el primer equipo de Tercera División Profesional que tuvo Tonalá, llamado Alfareros de Tonalá. Compartan los nombres de los futbolistas que reconocen en esta fotografía


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Tastuanes en los años 60´s

 Fotografía de principios de los años setenta durante la celebración del 25 de julio, en las fiestas de Santiago Apóstol y la jugada de los Tastoanes.


La gran tradición de los Tastuanes en Tonalá, Jalisco

 La festividad de los Tastoanes (o Tastuanes) en Tonalá, Jalisco, es una representación ritual, cultural y religiosa que combina elementos prehispánicos e hispánicos. Se celebra principalmente del 25 al 30 de julio de cada año, con su punto cumbre el 25 de julio, día de Santo Santiago.

Significado e Historia

  • Etimología: La palabra proviene del náhuatl tlatoani, que significa "señor", "jefe" o "mandatario".

  • Origen: Conmemora la resistencia de los pueblos indígenas caxcanes y tecuexes frente a los conquistadores españoles durante la Batalla de Mixtón (1541), entrelazada con la veneración a Santo Santiago Apóstol.

Elementos Principales de la Representación

  • Las Máscaras: Elaboradas tradicionalmente por artesanos locales en cuero, madera o papel maché, destacan por sus expresiones grotescas, heridas simulatedas, serpientes, lagartijas o escorpiones modelados sobre el rostro, representando las llagas y mordeduras infligidas durante el combate.

  • El Vestuario: Los participantes usan monas (cabellera hecha de cola de caballo o fibra de ixtle), gabán o chaleco de tela gruesa, paliacate y varas de mimbre.

  • La Danza y la Batalla: Es un enfrentamiento simbólico donde los tastoanes danzan, gritan e increpan a la figura de Santo Santiago (representado por un jinete a caballo). A lo largo de la escenificación, Santo Santiago vence violentamente a los tastoanes asestándoles varazos, lo que simboliza el triunfo de la fe hispana, aunque los tastoanes terminan levantándose, manteniendo vivo el espíritu de resistencia indígena.

Esta tradición es considerada Patrimonio Cultural Inmaterial del estado de Jalisco y constituye un importante rasgo de identidad comunitaria e historia viva para las familias tonaltecas.























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La mujer alfarera

El escultor de “La Mujer Alfarera”, Miguel Miramontes, en el año 1988.



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Tastuanes de Zalatitán

 












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Piedra campana



Foto tomada en el plan del guaje de Tonalá (donde ahora pasa el nuevo periférico oriente) y donde se ubicaba originalmente la piedra de la campana, año 1992 se aprecia al centro de la foto el Sr Aurelio Nuño levantado su mano.

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Entrega de la casa de la cultura


El 31 de diciembre de 1988 se llevó a cabo la entrega de la construcción de la Casa de la Cultura, ubicada en la calle Morelos, en el Centro de Tonalá. El acto fue presidido por el entonces presidente municipal, Melquiades Preciado Partida (de traje gris y corbata roja). A la izquierda aparece el arquitecto Vidal Maestro Murguía, quien se desempeñaba como director de Obras Públicas.

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Subida de Loma Dorada

Avenida “Río Nilo”, a finales del año 1985. La famosa subida de la colonia Loma Dorada. Se aprecia, del lado derecho, la malla ciclónica de la Unidad Deportiva Revolución Mexicana, que se encontraba en plena construcción



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jueves, 30 de abril de 2026

Tastoanes 1918


 

Colección de imágenes antiguas de San Gaspar de las Flores, en Tonalá (Digitalizadas)

 









Al nororiente de la cabecera municipal de Tonalá, se extiende San Gaspar de las Flores como un territorio donde el tiempo parece entrelazarse con la memoria. Su origen se pierde entre hipótesis y evocaciones: algunos lo sitúan antes de la llegada de los europeos bajo el nombre de Xuchitlán, “lugar de flores”, mientras que otras versiones sugieren que su historia se reconfiguró con la presencia española, cuando indígenas provenientes de Xochimilco, aliados en la conquista, recibieron estas tierras.

Desde entonces, San Gaspar ha sido más que un asentamiento: ha sido un espacio donde la identidad florece con la misma persistencia que sus jardines. Ya en 1772, los registros coloniales lo describían como un pueblo de “hortelanos y jardineros de la rosa de Castilla”, una imagen que revela no solo su vocación agrícola, sino también una relación íntima con la tierra, heredada de generaciones que la han trabajado con paciencia y arraigo.

En el siglo XVI, los frailes de la orden de Orden Franciscana levantaron una capilla abierta, sencilla en su origen, pensada para congregar a los nuevos fieles. Con el paso del tiempo, aquella estructura fue tomando forma hasta convertirse en un templo de tres naves, cuya decoración interior, concluida ya bajo la guía de la Orden de San Agustín, guarda aún la huella del arte indígena en sus detalles. Entre sus muros persiste la devoción a “Nuestro Padre Jesús” y al patrono, San Gaspar, cuya festividad en enero convoca a la comunidad en una mezcla de fe, tradición y color.

Esa religiosidad popular se manifiesta de manera viva y tangible cuando la Virgen de Zapopan visita el pueblo: entonces, las calles se transforman en lienzos efímeros con tapetes monumentales de aserrín teñido, verdaderas obras de arte colectivo. A ello se suma la delicadeza de la “cera escamada”, donde manos pacientes moldean flores y hojas para adornar cirios, como si la devoción también se tejiera en los pequeños detalles.
A lo largo del año, el calendario festivo marca el pulso de la comunidad: los levantamientos del Niño Dios en febrero, la solemnidad de la Semana Santa, la memoria del Día de Muertos y la música que honra a Santa Cecilia en noviembre. Sin embargo, es la fiesta del Buen Temporal, hacia finales de septiembre, la que resume el espíritu del lugar: miles de personas se reúnen para recibir bendiciones, en un acto donde la fe y la tierra dialogan, agradeciendo los ciclos que sostienen la vida.

Pero San Gaspar no solo se define por su historia espiritual. Su territorio se abre hacia la imponente Barranca de Huentitán, por donde fluye el Río Santiago, recordando la fuerza natural que ha acompañado su desarrollo. En esa geografía se levanta también la Presa de Colimilla, construida a mediados del siglo XX, símbolo del encuentro entre naturaleza y modernidad. Entre sus paisajes sobreviven vestigios como “Los Monos”, esculturas que resguardan antiguas instalaciones eléctricas, y la enigmática Piedra Carruza, suspendida casi de manera imposible al borde de la barranca, como si desafiara el paso del tiempo.

La vida cotidiana mantiene su raíz en la tierra. Desde las huertas familiares hasta los invernaderos actuales, la floricultura sigue siendo un legado vivo: claveles, crisantemos y otras especies colorean los campos, y en octubre, el cempasúchil y el “cordón de obispo” tiñen el paisaje con los tonos de la memoria y la muerte, recordando la profunda conexión entre la naturaleza y las tradiciones. Estas flores viajan hasta mercados como el de Mezquitán, en Guadalajara, llevando consigo no solo su aroma, sino también la historia de quienes las cultivan.

Así, San Gaspar de las Flores permanece como un puente entre épocas: un lugar donde la herencia prehispánica, la huella colonial y la vida contemporánea conviven en un equilibrio frágil pero persistente. A pesar del avance urbano que lo rodea, su esencia resiste, recordando que hay territorios donde la historia no se guarda en libros, sino que se respira en cada calle, en cada fiesta y en cada flor que vuelve a nacer. Nazareno Studios
Te presentamos una colección de imágenes antiguas de San Gaspar de las Flores, en Tonalá, las cuales han sido cuidadosamente restauradas y mejoradas con el uso de inteligencia artificial, permitiendo rescatar y revivir los momentos valiosos de su pasado.
 
Fotografías y texto Nazareno Studios