jueves, 30 de abril de 2026

Tastoanes 1918


 

Colección de imágenes antiguas de San Gaspar de las Flores, en Tonalá (Digitalizadas)

 









Al nororiente de la cabecera municipal de Tonalá, se extiende San Gaspar de las Flores como un territorio donde el tiempo parece entrelazarse con la memoria. Su origen se pierde entre hipótesis y evocaciones: algunos lo sitúan antes de la llegada de los europeos bajo el nombre de Xuchitlán, “lugar de flores”, mientras que otras versiones sugieren que su historia se reconfiguró con la presencia española, cuando indígenas provenientes de Xochimilco, aliados en la conquista, recibieron estas tierras.

Desde entonces, San Gaspar ha sido más que un asentamiento: ha sido un espacio donde la identidad florece con la misma persistencia que sus jardines. Ya en 1772, los registros coloniales lo describían como un pueblo de “hortelanos y jardineros de la rosa de Castilla”, una imagen que revela no solo su vocación agrícola, sino también una relación íntima con la tierra, heredada de generaciones que la han trabajado con paciencia y arraigo.

En el siglo XVI, los frailes de la orden de Orden Franciscana levantaron una capilla abierta, sencilla en su origen, pensada para congregar a los nuevos fieles. Con el paso del tiempo, aquella estructura fue tomando forma hasta convertirse en un templo de tres naves, cuya decoración interior, concluida ya bajo la guía de la Orden de San Agustín, guarda aún la huella del arte indígena en sus detalles. Entre sus muros persiste la devoción a “Nuestro Padre Jesús” y al patrono, San Gaspar, cuya festividad en enero convoca a la comunidad en una mezcla de fe, tradición y color.

Esa religiosidad popular se manifiesta de manera viva y tangible cuando la Virgen de Zapopan visita el pueblo: entonces, las calles se transforman en lienzos efímeros con tapetes monumentales de aserrín teñido, verdaderas obras de arte colectivo. A ello se suma la delicadeza de la “cera escamada”, donde manos pacientes moldean flores y hojas para adornar cirios, como si la devoción también se tejiera en los pequeños detalles.
A lo largo del año, el calendario festivo marca el pulso de la comunidad: los levantamientos del Niño Dios en febrero, la solemnidad de la Semana Santa, la memoria del Día de Muertos y la música que honra a Santa Cecilia en noviembre. Sin embargo, es la fiesta del Buen Temporal, hacia finales de septiembre, la que resume el espíritu del lugar: miles de personas se reúnen para recibir bendiciones, en un acto donde la fe y la tierra dialogan, agradeciendo los ciclos que sostienen la vida.

Pero San Gaspar no solo se define por su historia espiritual. Su territorio se abre hacia la imponente Barranca de Huentitán, por donde fluye el Río Santiago, recordando la fuerza natural que ha acompañado su desarrollo. En esa geografía se levanta también la Presa de Colimilla, construida a mediados del siglo XX, símbolo del encuentro entre naturaleza y modernidad. Entre sus paisajes sobreviven vestigios como “Los Monos”, esculturas que resguardan antiguas instalaciones eléctricas, y la enigmática Piedra Carruza, suspendida casi de manera imposible al borde de la barranca, como si desafiara el paso del tiempo.

La vida cotidiana mantiene su raíz en la tierra. Desde las huertas familiares hasta los invernaderos actuales, la floricultura sigue siendo un legado vivo: claveles, crisantemos y otras especies colorean los campos, y en octubre, el cempasúchil y el “cordón de obispo” tiñen el paisaje con los tonos de la memoria y la muerte, recordando la profunda conexión entre la naturaleza y las tradiciones. Estas flores viajan hasta mercados como el de Mezquitán, en Guadalajara, llevando consigo no solo su aroma, sino también la historia de quienes las cultivan.

Así, San Gaspar de las Flores permanece como un puente entre épocas: un lugar donde la herencia prehispánica, la huella colonial y la vida contemporánea conviven en un equilibrio frágil pero persistente. A pesar del avance urbano que lo rodea, su esencia resiste, recordando que hay territorios donde la historia no se guarda en libros, sino que se respira en cada calle, en cada fiesta y en cada flor que vuelve a nacer. Nazareno Studios
Te presentamos una colección de imágenes antiguas de San Gaspar de las Flores, en Tonalá, las cuales han sido cuidadosamente restauradas y mejoradas con el uso de inteligencia artificial, permitiendo rescatar y revivir los momentos valiosos de su pasado.
 
Fotografías y texto Nazareno Studios